Blog Colectivo.Abierto A Toda Mente Despierta Que Desee Colaborar.
martes, 24 de febrero de 2015
"Podemos" hablar de Venezuela?
¿"Podemos" hablar de Venezuela?
Isaac Rosa
(http://www.eldiario.es/zonacritica/Podemos_Venezuela_6_359824063.html)
¿Podemos hablar de Venezuela? Es decir, hablar en serio. Hablar sobre qué ha pasado en el país sudamericano en los últimos dieciséis años, y qué está pasando hoy. Sobre los fracasos del chavismo, y sus éxitos. Sobre las responsabilidades del gobierno, y las de la oposición. Sobre la política de relaciones internacionales seguida por el país, y sobre las injerencias extranjeras en el mismo.
No, evidentemente, no podemos. Para muchos lectores, la sola lectura del anterior párrafo ya provoca el levantamiento de cejas, asoma el colmillo. Decir que queremos “hablar en serio”, insinuar que pueda haber algún “éxito”, colocar la mínima responsabilidad en la oposición o mencionar la injerencia extranjera, hace saltar los resortes de una opinión pública educada en dieciséis años de información parcial. Sí, parcial. E interesada. Digámoslo sin rodeos: desde el principio los grandes medios españoles tomaron partido en el proceso venezolano. Algunos con una agresividad digna de mejores causas, pero en todos los casos sin advertir a sus lectores y espectadores del alineamiento decidido. Y estos dieciséis años han causado estragos.
Yo mismo doy la batalla por perdida, y no pienso dedicar una sola línea a convencerles de esa parcialidad y esos intereses. Cualquiera que se tome la molestia de contrastar la información que consume, habrá tenido en los últimos dieciséis años sobrados ejemplos, y habrá desarrollado una mínima prevención.
Estos días, por ejemplo, leyendo y oyendo lo que se publica en España, sabemos que en Venezuela hay opositores detenidos, colas ante tiendas desabastecidas, graves problemas económicos y una creciente fractura política. Todo rigurosamente cierto, es verdad que está pasando. Pero leyendo y oyendo lo que se publica en España no sabemos gran cosa de quiénes son esos opositores ni por qué se les detiene, por qué faltan productos básicos, qué decisiones han conducido a la situación económica actual, o por qué la división entre partidarios y detractores se agranda.
Insisto: solo con plantear estas dudas, uno ya es señalado como chavista, y no hay más discusión posible. Y así dieciséis años, en los que han pasado muchas cosas en Venezuela, pero todas han servido aquí para lo mismo: para alimentar un antichavismo feroz que en pocos países alcanza el nivel de España; y que está presente en la mayoría de medios, en los gobernantes, pero también en la sociedad, incluida parte de la izquierda.
De ahí la manera en que se frotan las manos los detractores de Podemos. Han encontrado un filón inagotable para desgastar al partido, una vía de agua por la que esperan que se escurran muchos de sus apoyos. Las relaciones que algunos fundadores de Podemos tuvieron con la Venezuela oficialista en el pasado reciente les van a pasar factura, ya veremos de qué tamaño. Y cuanto más empeore la situación venezolana (y empeorará, pero ni siquiera podemos discutir por qué empeorará), más daño para Podemos.
A mí me gustaría que pudiésemos hablar en serio, también de esas relaciones. De qué hicieron allí, qué aprendieron, qué lecciones sacaron de la experiencia. Pero los dirigentes de Podemos han asumido que cualquier intento de explicación está condenado al fracaso, por el peso de esos dieciséis años de condicionamiento. Así que optan por esquivar los ataques, negar, cambiar de tema. Sin éxito: sus detractores han mordido una presa que no van a soltar.
La situación tiene algo de callejón sin salida. Porque para escapar de esa encerrona, los fundadores de Podemos tendrían que empezar por contestar afirmativamente a la pregunta con que empezaba este artículo. Y la respuesta ya la sabemos: no, no podemos. En España no.
miércoles, 14 de enero de 2015
Dame un poco de tu libertad y te daré más seguridad
martes, 13 de enero de 2015
PERO
PERO. En los últimos cuatro días he leído demasiadas veces esa palabra. Normalmente introduciendo una adversativa tras una declaración de buenas intenciones de perogrullo. «Condeno el uso de la violencia PERO». «Estoy a favor de la libertad de expresión PERO». Hablo, claro, de las reacciones al atroz, terrible crimen que varios terroristas cometieron en París y que acabó con las vidas de diecisiete personas, entre ellas cinco dibujantes de la revista Charlie Hebdo, blanco del ataque. En un primer momento, cuando sucedió, me quedé completamente bloqueado. Incapaz de reaccionar, ni mucho menos de escribir sobre lo que había pasado. No quería escribir en caliente, no quería decir cosas en público de las que luego pudiera arrepentirme. Quería tener cierto duelo antes de hablar, porque el dolor en ocasiones no es buen consejero. Y esto me ha dolido muchísimo. Necesitaba distancia y cierta reflexión. Por desgracia, fui de los pocos que pensó así.
sábado, 4 de enero de 2014
Populismo frente a neoliberalismo
Populismo frente a neoliberalismo
04 ene 2014
Por Augusto Klappenbach
(Filósofo y escritor)
Cuando vemos a Nicolás Maduro tratando a un pajarillo como la reencarnación de Chávez o reverenciando su imagen en la mancha de humedad de una pared muchos sentimos la misma incomodidad que cuando su jefe y maestro enarbolaba un rosario invocando el favor divino para su gobierno. Algo similar sucede con gestos y discursos de este tipo que protagonizan otros gobernantes en América Latina. Y esta incomodidad es legítima. Creo que disimular esta crítica con un pretendido respeto a la sensibilidad popular no es otra cosa que asumir una actitud paternalista. En nada ayuda a un proceso político fomentar supersticiones como si el pueblo necesitara acudir a la magia para resolver sus problemas. Creo que se pueden y se deben criticar estos recursos que tratan a los ciudadanos como menores de edad.
Pero mucho peor que ese paternalismo comprensivo es el intento de descalificar todas las políticas de los gobiernos llamados populistas (¿qué significa populismo?) aduciendo como razón estos episodios pintorescos. Lo cierto es que mientras en Europa –como en tantos otros lugares- no se atisba ninguna señal de que se cuestionen los dogmas neoliberales que rigen la vida económica, en varios países de América Latina, en muy distinta medida, se están rompiendo las reglas de juego que colocaron a esa región entre las más subdesarrolladas del planeta. Las recetas del Fondo Monetario, que redujeron su “ayuda” a los países latinoamericanos a exigirles la reducción del déficit y el control de la inflación, ya no son obedecidas ciegamente. Se están desarrollando tratados comerciales que no dependen de las políticas impuestas por Estados Unidos, aunque todavía estén en fase embrionaria y compitan entre sí. Muchas nacionalizaciones de empresas esenciales están mermando la influencia y el expolio que ejercieron grandes multinacionales en la región. Mientras en Europa las desigualdades entre los que tienen más y menos ingresos han crecido considerablemente durante la crisis, Latinoamérica es uno de los pocos lugares donde esa desigualdad disminuyó. En los últimos años, varios de esos países han reducido la pobreza extrema y el analfabetismo en una proporción significativa. Y, quizás lo más importante, proliferan en la región iniciativas populares de solidaridad y proyectos de integración de comunidades marginadas en zonas deprimidas. Lo cual no significa, por supuesto, que hayan resuelto sus problemas: las desigualdades y la miseria no han desaparecido, los conflictos entre las naciones latinoamericanas frenan la integración de la zona, el autoritarismo sigue vigente, los problemas de financiación son un obstáculo para el crecimiento, la inseguridad es muy alta, la corrupción no ha sido eliminada.
Decía Max Weber que la legitimación del poder político puede ser de tres tipos distintos. El primero es el tradicional, el que se basa en la fuerza de un pasado que no se cuestiona, como las monarquías hereditarias; el segundo es el carismático, que se fundamenta en los atributos personales de un líder al que el pueblo entrega su confianza; el tercero es el legal-racional, hijo de la razón ilustrada y que se apoya en la ley. Los Estados modernos surgen de este tercer criterio, que asume la democracia representativa como forma de gobierno. Pero el sistema capitalista, que rige la vida económica de estos Estados, entra claramente en contradicción con esa democracia representativa, sobre todo en la medida en que aumenta el peso de los sectores financieros en su gestión, ya que la supuesta voluntad popular que se expresa por medio de sus representantes pierde poder día a día, reemplazada por el que surge de anónimos despachos que dictan las condiciones de la gestión política. El precario estado de bienestar por el que habíamos optado en Europa requiere financiación y si esa financiación depende de las decisiones de quienes no representan a los ciudadanos y ni siquiera pueden ser controlados por los poderes públicos, el concepto mismo de democracia se ve cuestionado. Si aceptamos que es necesario un cambio de paradigma político y económico a riesgo de poner en peligro el mismo sistema democrático y el estado de bienestar, estos débiles signos que aparecen en algunos países de América Latina son los únicos que se dirigen a cuestionar el poder de los mercados financieros y a recuperar al menos una parte del control democrático de la economía. En cualquier caso, más de lo que se puede ver en Europa.
La superación de este estado de cosas difícilmente se puede hacer siguiendo la lógica interna y el curso normal de los procedimientos de ese paradigma legal-racional de que hablaba Weber, que ha generado gobiernos (y oposiciones) sujetos a reglas de funcionamiento que privilegian la estabilidad del sistema, sin que sus gestores tengan demasiado interés en provocar situaciones que podrían poner el peligro sus carreras políticas. ¿Qué gobernante se atrevería a desafiar a los mismos poderes que hacen posible su estabilidad en el cargo, llegar al cual le ha costado años de buena conducta dentro del partido? Probablemente sea necesaria la intervención de líderes carismáticos para romper esa normalidad. Recordando, eso sí, que no faltan ejemplos de tales líderes, como Hitler y Mussolini, que llevaron sus pueblos al desastre. Pero recordando también que no se puede demonizar el papel del liderazgo carismático; tampoco faltan ejemplos, como Gandhi y Mandela, que pudieron superar regímenes totalitarios utilizando métodos poco convencionales, sin necesidad de atenerse a los procedimientos formales convencionales. En cualquier caso, la irrupción de esos líderes que rompen la estabilidad y se atreven a lanzar mensajes políticamente incorrectos con el apoyo de sectores importantes de la población constituye quizás la única manera de abrir un espacio en el que se comiencen a discutir las reglas de juego que rigen la práctica política y económica de nuestros tiempos y no solo la aplicación de cambios cosméticos. Aunque la prensa políticamente correcta (y no solo de derechas) pretenda identificar ese liderazgo carismático con un inoperante populismo demagógico.
Como siempre, la historia es impura, y resulta fácil descalificar en bloque regímenes políticos apoyándose en anécdotas más o menos pintorescas de sus líderes. Que por otra parte, y a diferencia de lo que sucedía hace poco tiempo en la época de los golpes de Estado, actúan dentro de la democracia representativa, con todos los matices que se quieran aducir. Los sistemas que dependen del carisma de sus líderes tienen sus riesgos, por supuesto. Como la tentación de sustituir medidas eficaces por soflamas revolucionarias, tomar decisiones precipitadas que provoquen lo contrario de lo que se pretende, asumir compromisos imposibles de cumplir, dividir más de lo necesario a los ciudadanos. Los resultados los dirá el tiempo. En cualquier caso, creo que los movimientos más o menos carismáticos que están apareciendo en América Latina constituyen uno de los pocos intentos de poner en cuestión los principios neoliberales sobre los que se basa la estructura económica actual. Una posibilidad que no se vislumbra en Europa, donde, por supuesto, se cuida mucho mejor la corrección del lenguaje y las formas protocolarias aunque nos lleven al fracaso.
(http://blogs.publico.es/dominiopublico/8619/populismo-frente-a-neoliberalismo/)
martes, 17 de julio de 2012
El fin programado de la democracia
El fin programado de la democracia
martes, 3 de julio de 2012
¿Puede sobrevivir el mundo a la ciega arrogancia de Washington?
El gobierno de Obama apunta a Rusia y China
¿Puede sobrevivir el mundo a la ciega arrogancia de Washington?
Paul Craig Roberts
Global Research
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens
Cuando el presidente Reagan me nombró Secretario Adjunto del Tesoro para Política Económica, me dijo que teníamos que restaurar la economía de EE.UU., rescatarla de la estanflación, a fin de hacer sentir a la dirigencia soviética todo el peso de una economía poderosa para convencerla de que negociara el fin de la guerra fría. Reagan dijo que no había motivo para seguir viviendo bajo el peligro de una guerra nuclear.
El gobierno de Reagan cumplió ambos objetivos, solo para ver cómo esos logros eran descartados por gobiernos posteriores. Fue el propio vicepresidente y sucesor de Reagan,
George Herbert Walker Bush, quien primero violó los acuerdos Reagan-Gorbachov al incorporar ex partes constituyentes del imperio soviético a la OTAN y al llevar bases militares occidentales a la frontera rusa.
El proceso de rodear Rusia de bases militares continuó constantemente durante otros gobiernos de EE.UU. y varias “revoluciones de color” fueron financiadas por la Fundación Nacional por la Democracia de EE.UU. (NED), considerada por muchos como un frente de la CIA. Washington incluso trató de instalar un gobierno controlado por EE.UU. en Ucrania y tuvo éxito al hacerlo en la antigua Georgia soviética, cuna de José Stalin. El presidente de Georgia, un país ubicado entre el Mar Negro y el Mar Caspio, es un títere de Washington. Recientemente, anunció que se programa que la ex Georgia soviética se convierta en miembro de la OTAN en 2014.
Los suficientemente mayores recordarán que la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, era una alianza entre Europa Occidental y EE.UU. contra la amenaza de que el Ejército Rojo invadiera Europa Occidental. El Atlántico Norte, queda muy, muy lejos de los mares Negro y Caspio. ¿Cuál es el propósito de que Georgia sea miembro de la OTAN si no dar a Washington una base militar en un área vulnerable de Rusia?
La evidencia es simplemente abrumadora de que Washington –ambos partidos– apunta a Rusia y China. Por el momento no es claro si el propósito es destruir ambos países o simplemente hacer que no puedan oponerse a la hegemonía mundial de Washington. Sin tener en cuenta la intención, una guerra nuclear es el resultado más probable.
La prensa prostituida de EE.UU. pretende que un maligno gobierno sirio asesina ciudadanos inocentes que solo quieren democracia y que si la ONU no interviene con medios militares, EE.UU. debe hacerlo para salvar los derechos humanos. Rusia y China son vilipendiadas por oponerse a cualquier pretexto para una invasión de Siria por la OTAN.
Los hechos, por supuesto, difieren de cómo los presentan los corruptos medios estadounidenses y miembros del gobierno de EE.UU. Los “rebeldes” sirios están bien armados con armas militares. Los “rebeldes” combaten al ejército sitio. Los rebeldes masacran civiles e informan a sus meretrices en los medios en Occidente que el culpable fue el gobierno sirio, y estos difunden la propaganda.
Alguien está armando a los “rebeldes” ya que obviamente las armas no pueden ser compradas en los mercados locales. La mayoría de la gente inteligente cree que las armas provienen de EE.UU. o de sus testaferros.
Por lo tanto, Washington ha iniciado una guerra civil en Siria, tal como lo hizo en Libia, pero esta vez los inocentones rusos y chinos han comprendido lo que se proponen y se han negado a permitir una resolución de la ONU como la que fue explotada por Occidente contra Gadafi.
Para superar ese obstáculo, se saca a relucir un viejo caza Phantom de la era de la guerra de Vietnam en los años sesenta y Turquía lo hace volar dentro de Siria. Los sirios lo derriban, y entonces Turquía puede pedir ayuda a sus aliados de la OTAN contra Siria. A falta de la opción de las Naciones Unidas, Washington puede invocar su obligación según el tratado de la OTAN, e ir a la guerra en defensa de un miembro de la OTAN contra Siria demonizada.
La mentira neoconservadora tras las guerras de hegemonía de Washington es que EE.UU. lleva la democracia a los países invadidos y bombardeados. Parafraseando a Mao, “la democracia brota del cañón de un fusil”. Sin embargo, la Primavera Árabe ha producido poca democracia, como en el caso de Iraq y Afganistán, dos países “liberados” por invasiones democráticas estadounidenses.
Lo que EE.UU. aporta son guerras civiles y el desmembramiento de países, como lo que el régimen del presidente Bill Clinton logró en la antigua Yugoslavia. Mientras más países pueden ser despedazados y disueltos en facciones rivales, más poderoso es Washington.
La Rusia de Putin entiende que la propia Rusia es amenazada no solo mediante el financiamiento por Washington de la “oposición rusa”, sino por los antagonismos entre musulmanes desencadenados por las guerras de Washington contra Estados musulmanes seculares, como Iraq y Siria. Esa discordia se propaga a la propia Rusia y causa problemas como el terrorismo checheno.
Cuando un estado secular es destruido, las facciones islamistas obtienen la posibilidad de destrozarse entre sí. Los feudos internos conducen a la impotencia de los países. Como escribí anteriormente, Occidente siempre prevalece en Medio Oriente porque las facciones islamistas se odian más de lo que odian a sus conquistadores occidentales. Por lo tanto, cuando Washington destruye gobiernos seculares, no islamistas, como en Iraq y como ahora quiere hacer en Siria, los islamistas emergen y se enfrentan para lograr la supremacía. Eso conviene a Washington e Israel ya que esos Estados dejan de ser antagonistas consistentes.
Rusia es vulnerable, porque Putin es demonizado por Washington y los medios estadounidenses y porque la oposición rusa en su contra es financiada por Washington y sirve intereses de EE.UU., no de Rusia. Las turbulencias que Washington desencadena en Estados musulmanes se filtran hacia poblaciones musulmanas de Rusia.
A Washington le ha sido más difícil el intento de interferir en los asuntos internos de China, aunque se ha sembrado la discordia en algunas provincias. Se espera que dentro de algunos años la economía china exceda en tamaño la de EE.UU., y que una potencia asiática desplace a otra occidental como la economía más poderosa del mundo.
Washington está profundamente inquieto ante esta perspectiva. Esclavizado y controlado por Wall Street y otros grupos empresariales de intereses especiales, Washington es incapaz de rescatar a la economía de su decadencia. Los beneficios a corto plazo del agio en Wall Street, las ganancias del complejo militar/industrial, y de la deslocalización de la producción de bienes y servicios para mercados de EE.UU., cuentan con más representación en Washington que el bienestar de los ciudadanos estadounidenses. Mientras la economía de EE.UU. se hunde, la economía china crece.
La reacción de Washington es militarizar el Pacífico. La secretaria de Estado de EE.UU. ha declarado que el Mar del Sur de China es un área de interés nacional estadounidense. EE.UU. hace la corte al gobierno filipino jugando la carta de la amenaza china, y trabaja para lograr que se vuelva a invitar a la Armada de EE.UU. a su antigua base en Subic Bay. Recientemente hubo ejercicios militares/navales conjuntos de EE.UU. y las Filipinas contra la “amenaza china”.
La Armada de EE.UU. desplaza flotas al Océano Pacífico y construye una nueva base naval en una isla sudcoreana. Marines estadounidenses están ahora basados en Australia y son reasignados de Japón a otros países asiáticos. Los chinos no son estúpidos. Comprenden que Washington intenta cercar a China.
Para un país incapaz de ocupar Iraq después de 8 años e incapaz de ocupar Afganistán después de 11 años, enfrentar simultáneamente a dos potencias nucleares es un acto aberrante. La arrogancia ciega en Washington, alimentada a diario por neoconservadores dementes, a pesar de los extraordinarios fracasos en Iraq y Afganistán, apunta ahora a potencias formidables – Rusia y China. Nunca en toda su historia el mundo ha visto una idiotez semejante. Los psicópatas, sociópatas, y tarados que imperan en Washington conducen al mundo a su destrucción.
El gobierno de insensatez criminal en Washington, sea demócrata o republicano, no importa cuál sea el resultado de la próxima elección, es la mayor amenaza para la vida que haya existido en el planeta.
Además, el único financiamiento con el que cuentan los criminales en Washington son las máquinas impresoras de billetes. En un futuro artículo examinaré si la economía de EE.UU. completará su colapso antes de que los criminales de guerra en Washington puedan destruir el mundo.
………….
PAUL CRAIG ROBERTS fue editor de The Wall Street Journal y secretario asistente del Secretario del Tesoro estadounidense. Es autor de HOW THE ECONOMY WAS LOST , publicado por CounterPunch/AK Press. Su último libro publicado es Economies in Collapse: The Failure of Globalism , publicado en Europa, junio de 2012.
© Copyright Paul Craig Roberts, Global Research, 2012
Fuente: http://www.globalresearch.ca/index.php?context=va&aid=31669
(http://www.rebelion.org/noticia.php?id=152323)
sábado, 1 de octubre de 2011
El nuevo "sistema-mundo"
01-10-2011
Ignacio Ramonet
Le Monde Diplomatique
Cuando se acaban de cumplir diez años desde los atentados del 11 de septiembre y tres años desde la quiebra del banco Lehman Brothers ¿cuáles son las características del nuevo “sistema-mundo”? La norma actual son los seísmos. Seísmos climáticos, seísmos financieros y bursátiles, seísmos energéticos y alimentarios, seísmos comunicacionales y tecnológicos, seísmos sociales, seísmos geopolíticos como los que causan las insurrecciones de la “Primavera árabe”...
Hay una falta de visibilidad general. Acontecimientos imprevistos irrumpen con fuerza sin que nadie, o casi nadie, los vea venir. Si gobernar es prever, vivimos una evidente crisis de gobernanza. Los dirigentes actuales no consiguen prever nada. La política se revela impotente. El Estado que protegía a los ciudadanos ha dejado de existir. Hay una crisis de la democracia representativa: “No nos representan”, dicen con razón los “indignados”. La gente constata el derrumbe de la autoridad política y reclama que ésta vuelva a asumir su rol conductor de la sociedad por ser la única que dispone de la legitimidad democrática. Se insiste en la necesidad de que el poder político le ponga coto al poder económico y financiero. Otra constatación: una carencia de liderazgo político a escala internacional. Los líderes actuales no están a la altura de los desafios.
Los países ricos (América del Norte, Europa y Japón) padecen el mayor terremoto económico-financiero desde la crisis de 1929. Por primera vez, la Unión Europea ve amenazada su cohesión y su existencia. Y el riesgo de una gran recesión económica debilita el liderazgo internacional de Norteamérica, amenazado además por el surgimiento de nuevos polos de poderío (China, la India, Brasil) a escala internacional.
En un discurso reciente, el Presidente de Estados Unidos anunció que daba por terminadas “las guerras del 11 de septiembre”, o sea las de Irak, de Afganistán y contra el “terrorismo internacional” que marcaron militarmente esta década. Barack Obama recordó que “cinco millones de Americanos han vestido el uniforme en el curso de los últimos diez años”. A pesar de lo cual no resulta evidente que Washington haya salido vencedor de esos conflictos. Las “guerras del 11 de septiembre” le costaron al presupuesto estadounidense entre 1 billón (un millón de millones) y 2,5 billones de dólares. Carga financiera astronómica que ha tenido repercusiones en el endeudamiento de Estados Unidos y, en consecuencia, en la degradación de su situación económica.
Esas guerras han resultado pírricas. En cierta medida, finalmente, Al Qaeda se ha comportado con Washington de igual modo que Reagan lo hizo con respecto a Moscú cuando, en los años 1980, le impuso a la URSS una extenuante carrera armamentística que acabó agotando al imperio soviético y provocando su implosión. El “desclasamiento estratégico” de Estados Unidos ha empezado.
En la diplomacia internacional, la década ha confirmado la emergencia de nuevos actores y de nuevos polos de poder sobre todo en Asia y en América Latina. El mundo se “desoccidentaliza” y es cada vez más multipolar. Destaca el rol de China que aparece, en principio, como la gran potencia en ciernes del siglo XXI. Aunque la estabilidad del Imperio del Medio no está garantizada pues coexisten en su seno el capitalismo más salvaje y el comunismo más autoritario. La tensión entre esas dos fuerzas causará, tarde o temprano, una fractura. Pero, por el momento, mientras declina el poderío de Estados Unidos, el ascenso de China se confirma. Ya es la segunda potencia economica del mundo (por delante de Japón y Alemania). Además, por la parte importante de la deuda estadouninese que posee, Pekín tiene en sus manos el destino del dólar...
El grupo de Estados gigantes reunidos en el BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) ya no obedece automáticamente a las consignas de las grandes potencias tradicionales occidentales (Estados Unidos, Reino Unido, Francia) aunque éstas se sigan autodesignando como “comunidad internacional”. Los BRICS lo han demostrado recientemente en las crisis de Libia y de Siria oponiéndose a las decisiones de las potencias de la OTAN y en el seno de la ONU.
Decimos que hay crisis cuando, en cualquier sector, algún mecanismo deja de pronto de funcionar, empieza a ceder y acaba por romperse. Esa ruptura impide que el conjunto de la maquinaria siga funcionando. Es lo que está ocurriendo en la economía desde que estalló la crisis de las sub-primes en 2007.
Las repercusiones sociales del cataclismo económico son de una brutalidad inédita: 23 millones de parados en la Unión Europea y más de 80 millones de pobres… Los jóvenes aparecen como las víctimas principales. Por eso, de Madrid a Tel Aviv, pasando por Santiago de Chile, Atenas y Londres, una ola de indignación levanta a la juventud del mundo.
Pero las clases medias también están asustadas porque el modelo neoliberal de crecimiento las abandona al borde del camino. En Israel, una parte de ellas se unió a los jóvenes para rechazar el integrismo ultraliberal del Gobierno de Benjamín Netanyahu.
El poder financiero (los “mercados”) se ha impuesto al poder político, y eso desconcierta a los ciudadanos. La democracia no funciona. Nadie entiende la inercia de los gobiernos frente a la crisis económica. La gente exige que la política asuma su función e intervenga para enderezar los entuertos. No resulta fácil; la velocidad de la economía es hoy la del relámpago, mientras que la velocidad de la política es la del caracol. Resulta cada vez más dificil conciliar tiempo económico y tiempo político. Y también crisis globales y gobiernos nacionales.
Los mercados financieros sobrerreaccionan ante cualquier información, mientras que los organismos financieros globales (FMI, OMC, Banco Mundial, etc.) son incapaces de determinar lo que va a ocurrir. Todo esto provoca, en los ciudadanos, frustración y angustia. La crisis global produce perdedores y ganadores. Los ganadores se encuentran, esencialmente, en Asia y en los países emergentes, que no tienen una visión tan pesimista de la situación como la de los europeos. También hay muchos ganadores en el interior mismo de los países occidentales cuyas sociedades se hallan fracturadas por las desigualdades entre ricos cada vez más ricos y pobres cada vez más pobres.
En realidad, no estamos soportando una crisis, sino un haz de crisis, una suma de crisis mezcladas tan intimamente unas con otras que no conseguimos distinguir entre causas y efectos. Porque los efectos de unas son las causas de otras, y asi hasta formar un verdadero sistema. O sea, nos enfrentamos a una crisis sistémica del mundo occidental que afecta a la tecnología, la economía, el comercio, la política, la democracia, la guerra, la geopolítica, el clima, el medio ambiente, la cultura, los valores, la familia, la educación, la juventud, etc.
Vivimos un tiempo de “rupturas estratégicas” cuyo significado no comprendemos. Hoy, Internet es el vector de la mayoría de los cambios. Casi todas las crisis recientes tienen alguna relación con las nuevas tecnologías de la comunicación y de la información. Los mercados financieros, por ejemplo, no serían tan poderosos si las órdenes de compra y venta no circulasen a la velocidad de la luz por las autopistas de la comunicación que Internet ha puesto a su disposición. Más que una tecnología, Internet es pues un actor de las crisis. Basta con recordar el rol de WikiLeaks, Facebook, Twitter en las recientes revoluciones democráticas en el mundo árabe.
Desde el punto de vista antropológico, estas crisis se están traduciendo por un aumento del miedo y del resentimiento. La gente vive en estado de ansiedad y de incertidumbre. Vuelven los grandes pánicos ante amenazas indeterminadas como pueden ser la pérdida del empleo, los choques tecnológicos, las biotecnologías, las catástrofes naturales, la inseguridad generalizada... Todo ello constituye un desafio para las democracias. Porque ese terror se transforma a veces en odio y en repudio. En varios países europeos, ese odio se dirige hoy contra el extranjero, el inmigrante, el diferente. Está subiendo el rechazo hacia todos los “otros” (musulmanes, gitanos, subsaharianos, “sin papeles”, etc.) y crecen los partidos xenófobos.
Otra grave preocupación planetaria: la crisis climática. La conciencia del peligro que representa el calentamiento general se ha extendido. Los problemas ligados al medio ambiente se están volviendo altamente estratégicos. La próxima Cumbre mundial del clima, que tendrà lugar en Rio de Janeiro en 2012, constatarà que el número de grandes catástrofes naturales ha aumentado así como su carácter espectacular. El reciente accidente nuclear de Fukushima ha aterrorizado al mundo. Varios gobiernos ya han dado marcha atrás en materia de energía nuclear y apuestan ahora –en un contexto marcado por el fin próximo del petróleo– por las energías renovables.
El curso de la globalización parece como suspendido. Se habla cada vez más de desglobalización, de descrecimiento... El péndulo había ido demasiado lejos en la dirección neoliberal y ahora prodría ir en la dirección contraria. Ya no es tabú hablar de proteccionismo para limitar los excesos del libre comercio, y poner fin a las deslocalizaciones y a la desindustrialización de los Estados desarrollados. Ha llegado la hora de reinventar la política y de reencantar el mundo.
Fuente:http://www.rebelion.org/noticia.php?id=136670
viernes, 23 de septiembre de 2011
La Era De La Señora Muerte

BELICISMO EN AUGE EN EL MUNDO
La Era De La Señora Muerte
por Pepe Escobar
(redvoltairenet.org)
La Muerte [también llamada la Parca, Reaper en inglés] no fue formalmente invitada a la juerga anual de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
En tiempos antiguos, solía ser conocido como el Grim [Sombrío].
Sombrío sigue siendo un sujeto astuto – siembre bajo diversos disfraces.
Reinventando el concepto de la muerte desde arriba, puede llamarse MQ-9 Reaper y pavonear sus cosas equipadas con misiles Hellfire (fuego del infierno).
O puede llevar un traje de negocios y encarnar la persona del presidente de EE.UU.
Llevadme al objetivo a tiempo
Barack Obama, desde su podio en la ONU, dijo al mundo: «Que no quepa duda: la marea de la guerra retrocede».
Especialistas neo-orwellianos en dorar la píldora apenas pudieron superarlo.
Refiriéndose a la operación de la OTAN al bombardear a Libia hacia la democracia, Obama subrayó: «Así se supone que debe trabajar la comunidad internacional».
Virtualmente en el momento preciso, el sospechoso usual, un «funcionario de la OTAN», filtró la información de que la alianza acababa de extender su misión de bombardeo de Libia por otros 90 días antes de que la tarjeta verde expirara el próximo martes. Por supuesto, las bombas inteligentes de la OTAN solo reconocen a los malos, y no causan daño colateral.
En cuanto a la «comunidad internacional» –que ahora incluye solo a miembros de la OTAN y a monarquías del Golfo Pérsico, excluyendo a todos los demás– todavía «tendrá que responder a los llamados por cambio» en Medio Oriente, según Obama. Los objetivos identificados, lo que no sorprende, son Siria e Irán.
Y entonces, también en el momento preciso, los acostumbrados «funcionarios estadounidenses» filtraron la información de que el gobierno de Obama prepara lo que el [diario] Washington Post describió como «una constelación de bases secretas de drones para operaciones de contraterrorismo en el Cuerno de África y la Península Arábiga».
Objetivos identificados, ya atacados, son Somalia y Yemen.
En cuando a la excusa, no hay sorpresas: es el mismo antiguo espíritu diabólico, al Qaida. Una vez más los «contratistas de la defensa» del complejo industrial-militar, comenzaron a descorchar su [champán] Moet.
Una línea aérea asesina de bajo coste
Como saben perfectamente esos contratistas, Washington está involucrado ahora en no menos de seis guerras –o «cinéticas» lo que sea, como la Casa Blanca las define– en Iraq, Libia, Afganistán, Pakistán, Yemen y Somalia.
Para nuestro amigo, el MQ-9 Reaper, el cielo es, literalmente, el límite.
Expande su huella de AfPak [Afganistán-Paquistán] a toda África Oriental hasta el Golfo de Adén. Ahora estará basado en Etiopía así como en las Seychelles, ese adorable archipiélago del Océano Índico famoso por sus fabulosas playas y sus balnearios de 10 estrellas.
La flota de «cazadores-asesinos» de MQ-9 Reapers –es decir, capaces en Pentagonés tanto de «vigilar» como de «atacar», aparcada en un hangar cerca de la principal terminal para pasajeros en Victoria, en las Seychelles, llevará a un nuevo nivel el concepto de la aerolínea de bajo presupuesto.
Aunque son presentados como inocentes juguetes que vuelan sobre Somalia «para apoyar los actuales esfuerzos de contraterrorismo», podemos apostar más botellas de [champán] Moet a que tarde o temprano las hazañas de esa línea aérea asesina de bajo coste lleguen a los titulares.
Naturalmente, ningún MQ-9 Reaper bombardeará a los libios vinculados a al Qaida, conocidos anteriormente como rebeldes, que ahora ejercen el control militar total de Trípoli.
Esto solo sucederá cuando islamistas libios de la línea dura comiencen su ritmo de talibanización – sea como parte de un gobierno del Consejo Nacional de Transición o como fuerza guerrillera combatiendo a la OTAN. El Pentágono siempre respeta la consigna de cuidar mejor a sus futuros enemigos que a sus amigos actuales.
En ese universo impregnado de neolengua de «círculos mejorados de vigilancia», apenas se piensa en daño colateral. Incluso un think-tank del establishment como la Brookings Institution ha subrayado que por cada «terrorista» muerto, «también han muerto algo como 10 civiles». Cálculos más realistas apuntan a una ratio de 15 civiles por cada «terrorista» que muerde el polvo.
Y esto, mientras el modo de guerra PlayStation Estadounidense, promovido por el Pentágono, nunca cesa de ser mejorado: Reapers, o hijos de Reapers, pronto realizarán por sí solos sus tareas, utilizando solo software de despunte y sin intervención humana.
Lo que nos lleva de vuelta a Obama.
La libertad no es para vosotros
Desde su púlpito en la ONU, Obama subrayó: «Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos».
Esto no se aplica a los palestinos – porque el actual presidente de EE.UU. teme que si lo dijera se sumaría a las filas de desocupados en noviembre de 2012.
Obama también dijo: «Los israelíes han sido muertos por cohetes y atacantes suicidas». Pero en su opus de 47 minutos en la ONU nunca intentó de admitir algo como: «Los palestinos han sido muertos por ataques aéreos, bombas inteligentes, bombas estúpidas, aplanadoras, francotiradores, castigo colectivo y Reapers».
Obama tampoco trató siguiera de mencionar, aunque fuera de pasada, las fronteras previas a 1967 de un futuro Estado palestino – algo que apoya virtualmente todo el planeta. No es ninguna maravilla, considerando que recientemente Obama ni siquiera pudo persuadir al gobierno israelí de que dejara de construir asentamientos en tierra robada.
En cuanto a la posición de Washington ante la solicitud de Estado miembro de la ONU de Palestina, torrentes de bites han tratado de explicar cómo EE.UU. debe ajustarse a las demandas de Israel mientras pretende no estar a las órdenes de Israel.
En vísperas de la hora de la verdad en el Consejo de Seguridad de la ONU, Palestina ha conseguido los nueve votos de los 15 que necesita para ser reconocida como Estado – y por lo tanto lograr por lo menos una resonante victoria moral, incluso a pesar del inevitable veto de EE.UU.
De modo bastante significativo, los votos son los de las cinco potencias emergentes del BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica – más Bosnia, Gabón y Nigeria.
Alemania, Colombia y EE.UU. están listos para votar en contra. Por lo tanto, inevitablemente, EE.UU. ejerció fuerte presión sobre Bosnia (un país de mayoría musulmana), Gabón y Nigeria (miembro de la Organización de la Conferencia Islámica, OIC, por sus siglas en inglés).
No importa que la idea de un Estado palestino sea un consenso virtual en la comunidad internacional – la verdadera de carne y hueso, no el fantasma blandido por Washington.
Sin embargo, una mirada al mapa, comparando la erosión de la tierra palestina de 1946 a 2011, basta para mostrar que Israel ya ha asesinado la solución de dos Estados, no importa lo que pase en la ONU.
Lo que importa son los «hechos en el terreno» de Israel como dominatrix suprema de la política exterior de EE.UU. así como el Congreso en su calidad de ramera de Israel. Lo que importa es que Obama trate de tentar a los musulmanes con su retórica florida en Estambul y El Cairo solo para que se sometan dócilmente y cuando las cosas se compliquen, sientan el látigo de la dominatrix.
Y todo esto, mientras desde el Norte de África a Medio Oriente las multitudes luchan por la misma «libertad» de la que supuestamente gozan estadounidenses (e israelíes), pero que es eternamente negada a los palestinos.
Pase lo que pase en la ONU, Israel hizo el negocio del siglo. Bajo la cobertura del retorno a un «proceso de paz» muerto en vida, sucesivos gobiernos israelíes logran robar tierra palestina, construir asentamientos ilegales y causar dilaciones, mientras EE.UU. paga el pesado precio político.
Washington no solo paga por los asentamientos, sino combate virtualmente a todos los enemigos de Israel, antagoniza mortalmente a 1.300 millones de musulmanes en todo el mundo, gasta billones [millones de millones] de dólares y va a la bancarrota haciendo una «guerra contra el terror».
Lo que nos lleva a otra personificación de la Muerte [la Parca].
Puede ser un MQ-9 en AfPak o en la nueva ruta asesina Seychelles-Somalia.
Puede ser canalizado por el presidente de EE.UU. Y puede responder al nombre de Bibi. Está aquí, allá, por doquier. Temed al Reaper. O ya veréis…
Pepe Escobar
Fuente: Asia Times Online, 23 de septiembre de 2011.
Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens.
Versión original: http://www.atimes.com/atimes/Middle...
http://www.voltairenet.org/La-era-de-la-Senora-Muerte
sábado, 10 de septiembre de 2011
La barbarie de los 11 de septiembre

Carlos Rivera Lugo
Claridad
¿Qué tenemos que ver los habitantes de Nuestra América con el 11 de septiembre? En todo caso, mi memoria histórica acerca de esa fecha no empieza con el ataque terrorista en el 2001 contra las torres gemelas del “World Trade Center”, sino con el criminal asalto militar de 1973 contra La Moneda, la casa presidencial chilena. Poco más de tres mil vidas inocentes fue el “daño colateral” de la primera, anunciada por sus perpetradores como “el golpe de Dios Omnipotente” contra uno de los órganos vitales del “mal”. Mientras, el saldo brutal de la segunda fue sobre 30,000 vidas, incluyendo la de su heroico presidente Salvador Allende, víctimas también de otra cruzada fundamentalista: el anticomunismo.
Ambos acontecimientos septembrinos desembocaron en la instauración de regímenes de hecho despreciadores de los derechos humanos y abocados a la desposesión de los más en beneficio de los menos. En el caso del violento fin de la democrática vía chilena al socialismo, así como de la guerra contra el terror desatada hacia dentro y hacia fuera de Estados Unidos, ambas sirvieron de vehículo para la legitimación de nuevas estrategias de control y dominación fuera de todo marco legal. Propiciaron también la intensificación de la aspirada sumisión de la vida toda bajo las lógicas neoliberales del capital.
Cómo imagen publicitaria producto del dominio de los grandes medios estadounidenses, el 11 de septiembre se nos ha vendido como metáfora representativa del pensamiento único neoliberal. Es una narrativa que pretende reducir al mundo a un orden de batalla entre los “buenos”, los capitalistas, y los “malos”, todos los que de una y otra manera difieran de su visión del mundo hecho a imagen y semejanza del capital. Quién no está con los autoproclamados “buenos”, tiene que estar objetivamente con los “malos”, sentenció el tejano George W. Bush, quien fungía de mandatario de los yanquis en ese momento. Y los “malos” son culpables por naturaleza de sus fines, lo que justifica incluso su tortura, desaparición o ejecución sumaria y extrajudicial. Los “condenados de la tierra” son invisibilizados o deshumanizados bajo este maniqueísmo imperial.
Como bien nos señala el economista Franz Hinkelammert, con el 11 de septiembre se colapsaron nuestras coordenadas del bien y el mal. En su lugar, se impuso la perversa estrategia imperial de la guerra total, sin límites, y sin coordenadas claras acerca del bien y del mal. El único criterio legitimador en adelante sería la fuerza y la eficacia de sus efectos, por más deshumanizantes que sean.
Sin embargo, mi memoria histórica sigue resistiéndose a los simplismos ideológicos. Me trae a la mente esos otros “11 de septiembre” que han marcado mi consciencia, por lo menos en el último medio siglo. Los bombardeos criminales de Estados Unidos sobre Hanoi y todo el territorio vietnamita, incluyendo el uso de armas químicas de destrucción masiva. Murieron sobre 3 millones de vietnamitas, de los cuales 2 millones eran civiles. Igualmente recuerdo la aniquilación en 1989 -con, entre otras cosas, el bárbaro napalm usado en Viet Nam- del barrio Chorillos de la Ciudad de Panamá, donde murieron 10,000 civiles panameños como resultado de la ilegal invasión militar estadounidense.
Las guerras de Estados Unidos en Irak y Afganistán, y la no declarada en Pakistán, han dejado igualmente cientos de miles de muertos, en su mayoría civiles. Continúa operando, con absoluta impunidad, el campo de concentración estadounidense en Guantánamo. La Corte Penal Internacional saca pecho para investigar y condenar los delitos de los “malos”, mientras condona los crímenes de los “buenos”. Bush y su vicepresidente Cheney admiten y defienden públicamente sus crímenes y nadie su inmuta. Quien sumisamente le ha dado continuidad a las políticas criminales de éstos, el presidente Barack Obama, la Academia Sueca le otorga el Premio Nobel de la Paz. Y con ese premio en mano, ha agredido a Libia y producido allí, junto a sus aliados europeos, otro violento e ilegal “cambio de régimen”, con su secuela abismal de muertos.
Huelga decir que la barbarie hace ya tiempo nos ha ido arropando. El ser humano se ha visto reducido a mero medio desechable. Habría que refundar la propia civilización para que vuelva a ser fin bajo unos fundamentos éticamente comunes, es decir, incluyentes, sobre el bien y el mal o, mejor aún, más allá del bien y del mal como categorías absolutas impuestas por los poderes establecidos. La comunista alemana Rosa Luxemburgo tuvo razón. En ausencia de la sociedad del poder y bien común, lo que podemos esperar es la barbarie.
Durante los pasados diez años igualmente somos testigos de otra manifestación de la barbarie anunciada: la decadencia de los centros imperiales de Estados Unidos y Europa, con sus elites políticas agotadas y desacreditadas, así también sus economías de mercado, sumiéndose en el decrecimiento real de sus fuerzas productivas y el incremento significativo de sus desigualdades, producto de la avaricia sin fin de sus elites económicas. Ya no sólo enfrentan problemas de gobernabilidad, sino algo peor: la inviabilidad bajo el actual orden civilizatorio capitalista. Contra ello, se levanta un rayo de esperanza: la indignación organizada para la articulación de un modo alternativo de vida común.
En ese sentido, desde la América nuestra ha surgido las más importantes expresiones de cambio con implicaciones antisistémicas. Desde Chile, parece por fin despertarse su pueblo de la larga noche neoliberal impuesta por Pinochet y los Chicago boys, y revalidada por una desconcertada y timorata izquierda oficialista. Convocada por sus estudiantes y su juventud, aquella que nada tiene que perder excepto las cadenas heredadas de la dictadura del capital, ha puesto por fin sobre el tapete la superación del modelo neoliberal y su sistema de valores basado en el lucro privado y excluyente sin fin.
Por otra parte, jalonada hacia la izquierda a partir de los influyentes cambios vividos en la última década en Venezuela, Bolivia y Ecuador, sin hablar de Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, sin olvidarnos de Nicaragua y la revolucionaria Cuba, avanza la región en la articulación de su largamente deseada y esperada desconexión de las decadentes economías imperiales de Estados Unidos y Europa, y la consiguiente potenciación e integración solidaria de sus respectivas sociedades y economías.
Sólo México, con sus más de 12 millones de nuevos pobres y sobre 40,000 muertos, en la última década, producto de la guerra impuesta contra el narcotráfico, resalta como la gran excepción. En su caso, la barbarie ha estado determinada, en última instancia, por la creciente dependencia neocolonial bajo el régimen integracionista que comparte con Estados Unidos, el mismo que ha admitido armar a los carteles que suplen la demanda por estupefacientes a su alienada sociedad. Si algo enseña el caso de México es que el futuro de Nuestra América no se labra hoy mirando al Norte, sino en todo caso hacia nosotros mismos.
Los yanquis parecen vivir al margen de la historia de la pasada década. Se me parecen a los cruzadistas cristianos del siglo XIII que, en palabras de un cronista árabe: “Proceden con tanta impetuosidad, como las polillas de la noche que vuelan a la luz”. Peor aún, parecen emular las palabras del tristemente célebre Goebbels –el gran propagandista fascista- poco tiempo antes de la caída de la Alemania hitleriana: “Si tenemos que abandonar el teatro del mundo, vamos a tirar la puerta de una manera tal, que el universo tiemble”.
El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, miembro de la Junta de Directores y colaborador permanente del semanario puertorriqueño “Claridad”.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
"Los políticos absolutamente locos": Si Lo Dice Krugman...

La bajada de la calificación crediticia de EE. UU. por parte de S&P está indirectamente relacionada con la incertidumbre reinante en los mercados financieros. La situación actual es un reflejo del hecho de que no hay ninguna recuperación después de la crisis de 2008, afirmó el premio Nobel de Economía Paul Krugman.
"Todo lo que ocurre es una historia muy triste y sin un atisbo de esperanza", indicó Krugman en una entrevista al diario ruso 'Kommersant'. Agregó que hoy comienza a darse cuenta de que la fuerte política de reducción del déficit presupuestario en realidad frena la economía tanto en EE. UU. como en Europa.
"Una gran cantidad de recetas hechas por los economistas de la Fed y otros bancos centrales para tratar la enfermedad, solo la agravan. La reducción de la inflación y los recortes salariales no estimulan el empleo sino que aumentan la carga de la deuda. Este es el escenario de la pesadilla, el que da tanto miedo a todos", dijo el economista.
"Creo que EE. UU. tiene un espacio bastante grande para maniobrar: una crisis que pueda ser fatal para el país todavía está muy lejos. Tenemos otro problema: los políticos absolutamente locos. Si la crisis sucede, no ocurrirá debido al techo de la deuda demasiado alto, sino porque algún partido esté dispuesto a sacrificar la economía para fines políticos", agregó Krugman.
Los mercados emergentes están en una situación totalmente diferente y serán las locomotoras de la economía mundial: "La demanda en estos países es mucho más pronunciada, están menos agobiados por la deuda. El principal peligro para estos países es el hecho de que se conviertan en un destino atractivo para los capitales especulativos que inundarán los mercados en desarrollo en busca de rendimientos más altos que en EE. UU. o la UE, con su crecimiento cercano a cero", resumió el premio Nobel.
La mayor fuente de desequilibrios en la economía mundial es el yuan infravalorado, vinculado al dólar. Además, el economista criticó la fe casi religiosa en ciertos métodos de política económica y afirmó que, si bien es cierto que la coordinación macroeconómica es eficaz durante los momentos más agudos de la crisis, una vez que pasa la fase más crítica, termina la coordinación.
Articulo completo en:http://actualidad.rt.com/economia/mercados_finanzas/issue_29445.html
DESENCHÚFATE!!
(Fotografía:El mejillón suicida)




